1. Son ángeles...
Los ángeles no existen, sé que estoy soñando. Hablo solo, como
de costumbre. Y sin embargo la orden fatal ha sido dada. Entre
nubes negras, demasiado bellos, vienen bajando. ¡No! ¡No es
posible! ¡No pueden pagar justos por pecadores! Impecables ángeles
del castigo, si en este país encuentran cincuenta justos no lo
destruyen, ¿verdad? Tampoco lo destruyen si encuentran treinta
justos, diez justos, ¿verdad? ¿Y si hay siete justos? ¿Cinco
justos? ¿Tres justos? ¿Un solo justo? ¡Cabrones, no están aquí
para destruir! ¡Están aquí para encontrar ese justo! ¿Por qué nos
destruyen sin buscarlo? ¡Ángeles asesinos! Evítenme este
gigantesco ronquido de bestia en celo. Mis orejas sangran. ¡Y en
la oscuridad del exceso de luz, con dolor de útero, debo aceptar
otra vez la espantosa explosión! ¡No! ¡Tengo que abrir los ojos,
tengo que chillar, encontrar la puerta, volver a la realidad! ¿He
despertado? Otra vez el silencio marmóreo de ese océano sin
olas... Otra vez esta playa desplomada, este camino de tierra que
termina frente al muro cortado a pico de la Cordillera. Otra vez
la vieja viga horizontal atravesada por rayas blancas y negras
indicando que en esas inmensas rocas comienza o termina el país.
Mi caseta de madera podrida se yergue junto al límite inútil. Y
allí adentro, sentado, soldado polvoriento, guardián fronterizo,
yo, con los ojos abiertos, trato de escapar de la pesadilla...
Estoy despierto. El viento hace desfilar frente a mis zapatos sin
suelas un río de latas de conserva vacías. Ésta es mi paz, este es
mi mundo. El televisor, brillante, sin una partícula de polvo, no
paro de limpiarlo, es lo único que limpio, nunca ha cesado de
funcionar. Y en la pantalla, al mismo tiempo que yo, mi General,
hermoso hombre de mil años, moreno, con los bigotes engominados y
el mentón de ébano, deja de roncar, abre los ojos, bosteza, me
mira, me habla:
¡CUANDO YO DUERMO EL PAÍS DUERME! ¡CUANDO YO ME DESPIERTO, EL PAÍS SE
DESPIERTA! ¡LIBERTAD ES OBEDECER MI LEY! ¡NINGÚN CIUDADANO DEBE REALIZAR
ACTOS VOLUNTARIOS! ¡POR LA FELICIDAD Y EL BIEN DE TODOS SÓLO YO SÉ HACIA
DÓNDE VAMOS Y POR QUÉ VAMOS! ¡NO DESEO QUEMARLOS, SINO ENSEÑARLES A TENER
MIEDO AL FUEGO! ¡APRENDAN A RESPETAR EL ARCA, LA TRAMPA, LA FORMA, EL
CUBO, LO DENSO, LO CONCRETO, LA BOCA DEL DRAGÓN QUE SE ABRE EN FORMA DE
BOSTEZO! ¡MUERA EL ESTORNUDO, VIVA EL HIPOPÓTAMO! ¡ABAJO EL HALCÓN,
ARRIBA EL SABLE ENVAINADO! ¡NO A LOS JINETES DEL APOCALIPSIS, SÍ A LA
JERUSALÉN CELESTE POR CUADRADA!
Perdón, mi General, si usted lo permite -en estas soledades no
hay panaderos ni vacas- abriré una lata para chupar una miserable
pinza de cangrejo mientras usted, Autoridad Máxima, se deleita
untando la privilegiada medialuna en esa leche que no puede ser
sino la de una santa virgen... Pero ¿qué es este ruido de pasos?
¿Qué son esas tres sombras junto a la muralla de rocas? ¿De dónde
vienen estos personajes? ¡Cómo se atreven a avanzar hacia mi
puesto! ¡Sus impermeables negros, sus antiparras oscuras y sus
sombreros alones no me asustan! ¡Alto ahí! ¡Cuidado con mi
ametralladora! ¡Arriba las manos! ¡No se muevan o los acribillo!
¡Silencio, desgraciados! ¡Desde ahora mismo dejan de ser lo que
creen ser y se convierten en mis prisioneros! ¡Todos los derechos
les son eliminados! ¡Yo pregunto y yo contesto! ¡Los
interrogatorios hacen perder tiempo y el tiempo es vida! ¿Quiénes
son ustedes? ¿Adónde van? ¿De dónde vienen? ¿Del Norte, del Sur,
de la Cordillera o del Mar? No pueden venir del Norte, del
extranjero: detrás de esta viga blanquinegra está todo el
extranjero, un muro de rocas que llega hasta el cielo. No pueden
venir del Mar, es de ácido y en él, con el vientre comido, todas
las barcas se hunden. Y si vienen del Sur, del interior del país,
¿por qué llegan hasta aquí, el fin de un callejón sin salida? ¡No!
Ustedes no van, no hay dónde ir. Ni tampoco vienen, un páramo no
puede ser la meta de nadie. ¡Ustedes han aparecido! Como en mi
sueño... El mismo durante años... Tres ángeles... Venían a
destruir el país... Si encontraban un solo justo no exterminaban a
los millones de impíos... ¡Cómo pudieron! ¡Debían investigar antes
de actuar! ¡Pero no se dieron el trabajo! ¡No buscaron la preciosa
aguja en el pajar! ¡Se comportaron como asesinos! ¡Lo
desintegraron todo! ¡Hicieron pagar al justo como al impío! ¡Ese
ronquido de bestia en celo! ¡Esa atroz explosión! ¡Mi pobre camino
de tierra! ¡Ángeles de mierda! ¡Ojo por ojo: en el sueño ustedes
me hacen reventar, en la vigilia yo los reviento! ¡Tengan! ¡Que
sus cuerpos quizás fríos como el de los peces se traguen mis balas
ardientes! ¿Qué? No caen... No se retuercen en la agonía... No hay
agujeros humeantes en sus impermeables... ¡Pero si tienen el
vientre lleno de plomo! Ni una herida, ni una gota de sangre, yo
tenía razón: ustedes no vienen de ninguna parte, salen de mi
mente, están hechos de sueño. Las balas reales no matan a las
alucinaciones.
-Ni las balas falsas matan a los seres reales.
-¿Balas falsas? ¡Silencio, he dicho! Si mi ametralladora ha
fallado, este fiel revólver puede hacer que las tapas de sus sesos
salten como sapos tratando de atrapar la luna. ¡Media vuelta!
¡Preséntenme sus muñecas, aquí tengo tres pares de esposas! ¿Qué?
¡No puede ser! ¡Los tres pares de esposas se han partido como si
fueran de yeso! No comprendo. ¡No se muevan, debo consultar con mi
General! ¿Mi General, qué es esto? ¿Por qué no me responde? ¿Por
qué me mira desde la pantalla con los ojos fijos y la boca
firmemente cerrada? ¿Ahora, cuando más las necesito, me escatima
sus palabras? ¿Soy yo el que ve alucinaciones o el ejército me ha
enviado un material inservible? ¿Por qué? ¿Acaso no merezco algo
mejor? ¿Se me pasan las sobras, el acero podrido, las balas
rancias porque soy el lamentable guardián de una frontera que
puede guardarse sola? ¿Es por eso? ¿Debo considerar que mi puesto
no tiene significado? ¿Me pusieron aquí porque yo mismo, al igual
que esta viga, no valgo nada, no sirvo para nada? ¿Me han
condenado a la soledad por desprecio? Aquí me abandonaron cuando
era un niño. Sólo conozco este trozo de camino, un lugar siniestro
que ni las gaviotas quieren usar como cagadero. Años de soledad
alimentándome de pinzas de cangrejo, sumergido para siempre en un
invierno de doce meses. Y sin embargo yo, fiel al deber, al pie de
su imagen mi General, no he abandonado el puesto. He dormido sí,
pero no continuamente. Unos minutos por aquí, otros por allá,
siempre atento, obsesionado, esperando un infractor para por fin
cumplir con mi deber. ¡Y cuando el infractor llega, no me dan
medios para dominarlo! Estos siglos de vigilancia, de espera, no
han servido para nada... ¡No por su culpa, mi General! La
distracción es la peste de los subordinados. Nadie se concentra en
su tarea más de un minuto. El sueño los asalta y entonces se
deslizan las balas impotentes y las esposas oxidadas. Este
revólver, mi General, es la primera arma que me dieron. Con él
llegué aquí. Me ha servido de hermano. Sus balas son perfectas. De
eso estoy seguro. En aquellos tiempos éramos jóvenes, realizábamos
la acción por el placer de la acción y no por obtener algo. Y la
única acción que nos interesaba era la de obedecerle ciegamente,
mi General. Vea usted, yo, su más humilde servidor, no he
cambiado: apoyo el cañón del querido revólver en la nuca de cada
uno de estos oscuros personajes y disparo, disparo, disparo...
¡Hijos de la gran puta! ¡No pasa nada, no caen, sonríen, parecen
invulnerables! Mi General, he dejado caer el revólver de mi
infancia y el polvo pegajoso le ha dado una costra milenaria.
Contengo mis sollozos, me siento como perro abandonado. Por
primera vez en todos estos años, apago el televisor...
-Señor, quisiéramos aprovechar este silencio para...
-¡Silencio ustedes! ¡Si no me ayudan, me ayudaré yo mismo!
¡Ánimo! Debajo de mi banco guardo cepillos, papeles, pequeños
disfraces de Pierrot, un oso de peluche y este puñal de
sacrificios. Confío en su filo sagrado... ¡Oh, la hoja de acero se
hace polvo y una brisa se la lleva convertida en nube gris!
¿Entonces, estoy soñando?
-Está despierto. Las balas eran de salva y el aire salino corroe
los metales.
-¿Ustedes son ángeles?
-No. Somos estudiantes.
-¿Qué estudian? ¿De dónde vienen?
-Ahí está el problema, hemos perdido la memoria. Estamos
tratando de saber quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos.
Por eso le decimos que somos estudiantes.
-No me vengan con cuentos. ¿Hace cuánto tiempo se dieron cuenta
de que habían perdido la memoria?
-Hace unos minutos, mientras usted dormía. Bruscamente nos
encontramos junto a la Cordillera, vestidos así, con impermeables
negros, sombreros alones y antiparras. Hablamos este idioma sin
saber de dónde vienen nuestras palabras. A veces no entendemos lo
que estamos diciendo como si nuestra boca vertiera frases de un
lenguaje desconocido.
-Puedo creerles como puedo no creerles. Hay algo que sé:
asesinos vulgares no son. Me podrían haber eliminado mientras
dormía. Asesinos complejos sí pueden serlo. Una especie de gatos
celestes jugando con un ratón humano.
-¿Está equivocado o tiene razón? No lo sabemos. Hemos olvidado
nuestras intenciones. No podemos decirle si tenemos o no poder.
Por el instante somos inofensivos.
-¿Inofensivos? ¿Y las armas que desintegraron, las balas a las
que les hicieron perder su substancia? Cuando les disparé ni
siquiera se sobresaltaron.
-Hemos olvidado también el miedo.
-Esta situación es desesperante. Nadie sabe nada. Todo es
ambiguo. ¿Están mintiendo, son ángeles, están jugando conmigo por
pura crueldad o quieren extraer de mí una información que yo mismo
desconozco? ¿Qué buscan?
-Sólo nos buscamos a nosotros mismos.
-Si en realidad necesitan ayuda, el único que sabe algo en este
país es mi General. Pregúntenle a él.
-¿Dónde lo podemos encontrar?
-¡Ahí! ¡En el televisor!
-Es una imagen, no puede respondernos en particular.
-No se crean. Mi General es como un libro sagrado. Diga lo que
diga, siempre sus palabras sirven de respuesta. Depende de uno
interpretarlas. Enciendo...
AL CONTRARIO DE LAS DE CAUCHO, LAS VAGINAS NATURALES, DE CARNE HUMANA,
CONTIENEN EN SU DENSA OSCURIDAD ATAÚDES, CUCHILLOS DE PIEDRA NEGRA,
PARASOLES, MURALLAS, JARDINES VENENOSOS, AGUAS ESTANCADAS, COLMILLOS,
FETOS EN AVANZADO ESTADO DE DESCOMPOSICIÓN, PADRES LÚBRICOS, TARÁNTULAS
CON CABEZAS DE MADRE, DIOSES MUTILADOS, PEDAZOS DE LUNA ROJA...
-Perdone que apaguemos su televisor. No comprendemos ese
lenguaje: no nos sirve para nada.
-Mi General habla diferente para cada telespectador. Enciendan
ustedes el aparato y el mensaje concordará con el nivel que
tienen.
-Haremos como usted dice...
NO CONOZCO LA MUERTE NI LA DUDA. NO SOY EL ESPÍRITU NI EL PENSAMIENTO
NI EL OJO FRÍO QUE MIRA DESDE EL CENTRO. NO TENGO OBLIGACIONES NI
INTERESES, NO SIENTO NINGUNA REPULSIÓN, NINGUNA ATRACCIÓN NI DESEOS NI
NECESIDAD DE LIBERARME. ¡SOY CONCIENCIA Y FELICIDAD PURA! ¡SOY EL
GENERAL!
-¡Apago! ¡Qué angustia! Nunca lo oí hablar así. Ustedes no
pertenecen a este mundo. Son lo que creo que son.
-Usted no es lo que cree ser.
-¡Basta de dudas! ¡Ni mis manos ni mis pies se harán polvo!
Reciban la verdad primitiva y por lo tanto pura de mis puñetazos y
patadas. Por favor, cesen de esquivar todos mis golpes con esa
agilidad delicada, demasiado certera. No ofrecerme resistencia es
precipitarme en la desesperación. Acelero el ritmo de mis
agresiones. ¡Maldición! No puedo tocar a nadie. Castigo solamente
al aire. Ni siquiera recibo la confirmación de la existencia de mi
cuerpo por el dolor de un ataque sólido. Me ahogo. Sí, me siento
como perro abandonado. Vuelvo a mi caseta de madera muerta. Debo
meditar, debo luchar conmigo mismo. Cuando se es obediente de
alma, todo es una lección de obediencia. Mis balas eran falsas, mi
cuchillo frágil, mi alimento podrido, mi tarea inútil, mi frontera
ilusoria. Sin embargo, mi General sabe lo que hace... ¡Mi General
siempre sabe lo que hace! No sé por qué me puso aquí pero si estoy
es por algo. No sé para qué le sirvo pero si no me ha eliminado le
sirvo para algo. Ese algo no me incumbe; él lo sabe y basta. Yo
sólo sirvo para obedecer. Nadie ni nada podrá cambiarme. Obedezco
aunque no reciba órdenes. Aunque nadie me vea, me oiga, me
sospeche, obedezco. Aquí me quedo, aquí espero. Si mi General se
digna utilizarme, bien. Si muero esperando, bien. Obedeceré hasta
el último suspiro. Ninguna decisión surgirá de mí. Unos van, otros
vienen, yo soy una piedra del camino. Una piedra para mi General.
Si él me arroja, iré hacia la dirección que me imprima. Si me deja
aquí, recibiré resignado sobre mis hombros el polvo de la espera.
¡Ángeles del Juicio, ya me hicieron perder demasiado tiempo! Si
quieren acabar con el país yo no se lo puedo impedir. Si me
eliminan, destruirán mi cuerpo, nunca mi obediencia. ¡Basta de
ilusiones, basta de sueños, ustedes no existen! Enciendo el
televisor. Vuelvo al redil, mi General...
QUIERO SERLO TODO PARA USTEDES. QUIERO SER EL PAN, LA LECHE, EL TECHO
PROTECTOR Y EL AIRE QUE RESPIRAN. QUIERO SER SU CUNA, SU CAMA Y SU ATAÚD.
TAMBIÉN LA MESA Y EL ROPERO. QUIERO SER EL DESEO Y EL OBJETO DE SUS
DESEOS. QUIERO SER EL CORAZÓN, EL AMOR, EL AMANTE Y EL AMADO.
-Nos vamos... Si fuéramos tres ángeles buscando un solo justo
para no destruir el mundo, usted sería...
-¡Sus voces no existen! ¡Esos lotos blancos que sacan de sus
impermeables y depositan frente a mis zapatos sin suelas son una
ilusión! ¡Como es una ilusión verlos alejarse por el camino de
tierra, inclinados bajo la lluvia parda que cae del cielo sin
nubes!
QUIERO SER LA PIEDRA, QUIERO SER EL CANTO, QUIERO SER EL ALA Y EL VUELO
Y LA CAÍDA, QUIERO SER LA PUNTA NEGRA DE TODOS LOS FLECHAZOS. QUIERO QUE
MIS BALAS PERDIDAS PEGUEN SIEMPRE EN TU PECHO, CARIÑO SANTO, SIEMPRE EN
TU PECHO...
-¡Sí, mi General, siempre en mi pecho! ¡Qué placer, la baba
chorrea de mi boca, el viento sopla, el océano ruge, la lluvia
cae, su voz adorada se diluye en la tormenta, mi General! ¡Hay un
solo sonido, una sola música, los ángeles no existen, sé que otra
vez estoy soñando!
Por Alejandro Jodorowsky
25 junio, 2009
Las Ansias Carnivoras de la Nada (Extracto)
1. Son ángeles...
Los ángeles no existen, sé que estoy soñando. Hablo solo, como
de costumbre. Y sin embargo la orden fatal ha sido dada. Entre
nubes negras, demasiado bellos, vienen bajando. ¡No! ¡No es
posible! ¡No pueden pagar justos por pecadores! Impecables ángeles
del castigo, si en este país encuentran cincuenta justos no lo
destruyen, ¿verdad? Tampoco lo destruyen si encuentran treinta
justos, diez justos, ¿verdad? ¿Y si hay siete justos? ¿Cinco
justos? ¿Tres justos? ¿Un solo justo? ¡Cabrones, no están aquí
para destruir! ¡Están aquí para encontrar ese justo! ¿Por qué nos
destruyen sin buscarlo? ¡Ángeles asesinos! Evítenme este
gigantesco ronquido de bestia en celo. Mis orejas sangran. ¡Y en
la oscuridad del exceso de luz, con dolor de útero, debo aceptar
otra vez la espantosa explosión! ¡No! ¡Tengo que abrir los ojos,
tengo que chillar, encontrar la puerta, volver a la realidad! ¿He
despertado? Otra vez el silencio marmóreo de ese océano sin
olas... Otra vez esta playa desplomada, este camino de tierra que
termina frente al muro cortado a pico de la Cordillera. Otra vez
la vieja viga horizontal atravesada por rayas blancas y negras
indicando que en esas inmensas rocas comienza o termina el país.
Mi caseta de madera podrida se yergue junto al límite inútil. Y
allí adentro, sentado, soldado polvoriento, guardián fronterizo,
yo, con los ojos abiertos, trato de escapar de la pesadilla...
Estoy despierto. El viento hace desfilar frente a mis zapatos sin
suelas un río de latas de conserva vacías. Ésta es mi paz, este es
mi mundo. El televisor, brillante, sin una partícula de polvo, no
paro de limpiarlo, es lo único que limpio, nunca ha cesado de
funcionar. Y en la pantalla, al mismo tiempo que yo, mi General,
hermoso hombre de mil años, moreno, con los bigotes engominados y
el mentón de ébano, deja de roncar, abre los ojos, bosteza, me
mira, me habla:
¡CUANDO YO DUERMO EL PAÍS DUERME! ¡CUANDO YO ME DESPIERTO, EL PAÍS SE
DESPIERTA! ¡LIBERTAD ES OBEDECER MI LEY! ¡NINGÚN CIUDADANO DEBE REALIZAR
ACTOS VOLUNTARIOS! ¡POR LA FELICIDAD Y EL BIEN DE TODOS SÓLO YO SÉ HACIA
DÓNDE VAMOS Y POR QUÉ VAMOS! ¡NO DESEO QUEMARLOS, SINO ENSEÑARLES A TENER
MIEDO AL FUEGO! ¡APRENDAN A RESPETAR EL ARCA, LA TRAMPA, LA FORMA, EL
CUBO, LO DENSO, LO CONCRETO, LA BOCA DEL DRAGÓN QUE SE ABRE EN FORMA DE
BOSTEZO! ¡MUERA EL ESTORNUDO, VIVA EL HIPOPÓTAMO! ¡ABAJO EL HALCÓN,
ARRIBA EL SABLE ENVAINADO! ¡NO A LOS JINETES DEL APOCALIPSIS, SÍ A LA
JERUSALÉN CELESTE POR CUADRADA!
Perdón, mi General, si usted lo permite -en estas soledades no
hay panaderos ni vacas- abriré una lata para chupar una miserable
pinza de cangrejo mientras usted, Autoridad Máxima, se deleita
untando la privilegiada medialuna en esa leche que no puede ser
sino la de una santa virgen... Pero ¿qué es este ruido de pasos?
¿Qué son esas tres sombras junto a la muralla de rocas? ¿De dónde
vienen estos personajes? ¡Cómo se atreven a avanzar hacia mi
puesto! ¡Sus impermeables negros, sus antiparras oscuras y sus
sombreros alones no me asustan! ¡Alto ahí! ¡Cuidado con mi
ametralladora! ¡Arriba las manos! ¡No se muevan o los acribillo!
¡Silencio, desgraciados! ¡Desde ahora mismo dejan de ser lo que
creen ser y se convierten en mis prisioneros! ¡Todos los derechos
les son eliminados! ¡Yo pregunto y yo contesto! ¡Los
interrogatorios hacen perder tiempo y el tiempo es vida! ¿Quiénes
son ustedes? ¿Adónde van? ¿De dónde vienen? ¿Del Norte, del Sur,
de la Cordillera o del Mar? No pueden venir del Norte, del
extranjero: detrás de esta viga blanquinegra está todo el
extranjero, un muro de rocas que llega hasta el cielo. No pueden
venir del Mar, es de ácido y en él, con el vientre comido, todas
las barcas se hunden. Y si vienen del Sur, del interior del país,
¿por qué llegan hasta aquí, el fin de un callejón sin salida? ¡No!
Ustedes no van, no hay dónde ir. Ni tampoco vienen, un páramo no
puede ser la meta de nadie. ¡Ustedes han aparecido! Como en mi
sueño... El mismo durante años... Tres ángeles... Venían a
destruir el país... Si encontraban un solo justo no exterminaban a
los millones de impíos... ¡Cómo pudieron! ¡Debían investigar antes
de actuar! ¡Pero no se dieron el trabajo! ¡No buscaron la preciosa
aguja en el pajar! ¡Se comportaron como asesinos! ¡Lo
desintegraron todo! ¡Hicieron pagar al justo como al impío! ¡Ese
ronquido de bestia en celo! ¡Esa atroz explosión! ¡Mi pobre camino
de tierra! ¡Ángeles de mierda! ¡Ojo por ojo: en el sueño ustedes
me hacen reventar, en la vigilia yo los reviento! ¡Tengan! ¡Que
sus cuerpos quizás fríos como el de los peces se traguen mis balas
ardientes! ¿Qué? No caen... No se retuercen en la agonía... No hay
agujeros humeantes en sus impermeables... ¡Pero si tienen el
vientre lleno de plomo! Ni una herida, ni una gota de sangre, yo
tenía razón: ustedes no vienen de ninguna parte, salen de mi
mente, están hechos de sueño. Las balas reales no matan a las
alucinaciones.
-Ni las balas falsas matan a los seres reales.
-¿Balas falsas? ¡Silencio, he dicho! Si mi ametralladora ha
fallado, este fiel revólver puede hacer que las tapas de sus sesos
salten como sapos tratando de atrapar la luna. ¡Media vuelta!
¡Preséntenme sus muñecas, aquí tengo tres pares de esposas! ¿Qué?
¡No puede ser! ¡Los tres pares de esposas se han partido como si
fueran de yeso! No comprendo. ¡No se muevan, debo consultar con mi
General! ¿Mi General, qué es esto? ¿Por qué no me responde? ¿Por
qué me mira desde la pantalla con los ojos fijos y la boca
firmemente cerrada? ¿Ahora, cuando más las necesito, me escatima
sus palabras? ¿Soy yo el que ve alucinaciones o el ejército me ha
enviado un material inservible? ¿Por qué? ¿Acaso no merezco algo
mejor? ¿Se me pasan las sobras, el acero podrido, las balas
rancias porque soy el lamentable guardián de una frontera que
puede guardarse sola? ¿Es por eso? ¿Debo considerar que mi puesto
no tiene significado? ¿Me pusieron aquí porque yo mismo, al igual
que esta viga, no valgo nada, no sirvo para nada? ¿Me han
condenado a la soledad por desprecio? Aquí me abandonaron cuando
era un niño. Sólo conozco este trozo de camino, un lugar siniestro
que ni las gaviotas quieren usar como cagadero. Años de soledad
alimentándome de pinzas de cangrejo, sumergido para siempre en un
invierno de doce meses. Y sin embargo yo, fiel al deber, al pie de
su imagen mi General, no he abandonado el puesto. He dormido sí,
pero no continuamente. Unos minutos por aquí, otros por allá,
siempre atento, obsesionado, esperando un infractor para por fin
cumplir con mi deber. ¡Y cuando el infractor llega, no me dan
medios para dominarlo! Estos siglos de vigilancia, de espera, no
han servido para nada... ¡No por su culpa, mi General! La
distracción es la peste de los subordinados. Nadie se concentra en
su tarea más de un minuto. El sueño los asalta y entonces se
deslizan las balas impotentes y las esposas oxidadas. Este
revólver, mi General, es la primera arma que me dieron. Con él
llegué aquí. Me ha servido de hermano. Sus balas son perfectas. De
eso estoy seguro. En aquellos tiempos éramos jóvenes, realizábamos
la acción por el placer de la acción y no por obtener algo. Y la
única acción que nos interesaba era la de obedecerle ciegamente,
mi General. Vea usted, yo, su más humilde servidor, no he
cambiado: apoyo el cañón del querido revólver en la nuca de cada
uno de estos oscuros personajes y disparo, disparo, disparo...
¡Hijos de la gran puta! ¡No pasa nada, no caen, sonríen, parecen
invulnerables! Mi General, he dejado caer el revólver de mi
infancia y el polvo pegajoso le ha dado una costra milenaria.
Contengo mis sollozos, me siento como perro abandonado. Por
primera vez en todos estos años, apago el televisor...
-Señor, quisiéramos aprovechar este silencio para...
-¡Silencio ustedes! ¡Si no me ayudan, me ayudaré yo mismo!
¡Ánimo! Debajo de mi banco guardo cepillos, papeles, pequeños
disfraces de Pierrot, un oso de peluche y este puñal de
sacrificios. Confío en su filo sagrado... ¡Oh, la hoja de acero se
hace polvo y una brisa se la lleva convertida en nube gris!
¿Entonces, estoy soñando?
-Está despierto. Las balas eran de salva y el aire salino corroe
los metales.
-¿Ustedes son ángeles?
-No. Somos estudiantes.
-¿Qué estudian? ¿De dónde vienen?
-Ahí está el problema, hemos perdido la memoria. Estamos
tratando de saber quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos.
Por eso le decimos que somos estudiantes.
-No me vengan con cuentos. ¿Hace cuánto tiempo se dieron cuenta
de que habían perdido la memoria?
-Hace unos minutos, mientras usted dormía. Bruscamente nos
encontramos junto a la Cordillera, vestidos así, con impermeables
negros, sombreros alones y antiparras. Hablamos este idioma sin
saber de dónde vienen nuestras palabras. A veces no entendemos lo
que estamos diciendo como si nuestra boca vertiera frases de un
lenguaje desconocido.
-Puedo creerles como puedo no creerles. Hay algo que sé:
asesinos vulgares no son. Me podrían haber eliminado mientras
dormía. Asesinos complejos sí pueden serlo. Una especie de gatos
celestes jugando con un ratón humano.
-¿Está equivocado o tiene razón? No lo sabemos. Hemos olvidado
nuestras intenciones. No podemos decirle si tenemos o no poder.
Por el instante somos inofensivos.
-¿Inofensivos? ¿Y las armas que desintegraron, las balas a las
que les hicieron perder su substancia? Cuando les disparé ni
siquiera se sobresaltaron.
-Hemos olvidado también el miedo.
-Esta situación es desesperante. Nadie sabe nada. Todo es
ambiguo. ¿Están mintiendo, son ángeles, están jugando conmigo por
pura crueldad o quieren extraer de mí una información que yo mismo
desconozco? ¿Qué buscan?
-Sólo nos buscamos a nosotros mismos.
-Si en realidad necesitan ayuda, el único que sabe algo en este
país es mi General. Pregúntenle a él.
-¿Dónde lo podemos encontrar?
-¡Ahí! ¡En el televisor!
-Es una imagen, no puede respondernos en particular.
-No se crean. Mi General es como un libro sagrado. Diga lo que
diga, siempre sus palabras sirven de respuesta. Depende de uno
interpretarlas. Enciendo...
AL CONTRARIO DE LAS DE CAUCHO, LAS VAGINAS NATURALES, DE CARNE HUMANA,
CONTIENEN EN SU DENSA OSCURIDAD ATAÚDES, CUCHILLOS DE PIEDRA NEGRA,
PARASOLES, MURALLAS, JARDINES VENENOSOS, AGUAS ESTANCADAS, COLMILLOS,
FETOS EN AVANZADO ESTADO DE DESCOMPOSICIÓN, PADRES LÚBRICOS, TARÁNTULAS
CON CABEZAS DE MADRE, DIOSES MUTILADOS, PEDAZOS DE LUNA ROJA...
-Perdone que apaguemos su televisor. No comprendemos ese
lenguaje: no nos sirve para nada.
-Mi General habla diferente para cada telespectador. Enciendan
ustedes el aparato y el mensaje concordará con el nivel que
tienen.
-Haremos como usted dice...
NO CONOZCO LA MUERTE NI LA DUDA. NO SOY EL ESPÍRITU NI EL PENSAMIENTO
NI EL OJO FRÍO QUE MIRA DESDE EL CENTRO. NO TENGO OBLIGACIONES NI
INTERESES, NO SIENTO NINGUNA REPULSIÓN, NINGUNA ATRACCIÓN NI DESEOS NI
NECESIDAD DE LIBERARME. ¡SOY CONCIENCIA Y FELICIDAD PURA! ¡SOY EL
GENERAL!
-¡Apago! ¡Qué angustia! Nunca lo oí hablar así. Ustedes no
pertenecen a este mundo. Son lo que creo que son.
-Usted no es lo que cree ser.
-¡Basta de dudas! ¡Ni mis manos ni mis pies se harán polvo!
Reciban la verdad primitiva y por lo tanto pura de mis puñetazos y
patadas. Por favor, cesen de esquivar todos mis golpes con esa
agilidad delicada, demasiado certera. No ofrecerme resistencia es
precipitarme en la desesperación. Acelero el ritmo de mis
agresiones. ¡Maldición! No puedo tocar a nadie. Castigo solamente
al aire. Ni siquiera recibo la confirmación de la existencia de mi
cuerpo por el dolor de un ataque sólido. Me ahogo. Sí, me siento
como perro abandonado. Vuelvo a mi caseta de madera muerta. Debo
meditar, debo luchar conmigo mismo. Cuando se es obediente de
alma, todo es una lección de obediencia. Mis balas eran falsas, mi
cuchillo frágil, mi alimento podrido, mi tarea inútil, mi frontera
ilusoria. Sin embargo, mi General sabe lo que hace... ¡Mi General
siempre sabe lo que hace! No sé por qué me puso aquí pero si estoy
es por algo. No sé para qué le sirvo pero si no me ha eliminado le
sirvo para algo. Ese algo no me incumbe; él lo sabe y basta. Yo
sólo sirvo para obedecer. Nadie ni nada podrá cambiarme. Obedezco
aunque no reciba órdenes. Aunque nadie me vea, me oiga, me
sospeche, obedezco. Aquí me quedo, aquí espero. Si mi General se
digna utilizarme, bien. Si muero esperando, bien. Obedeceré hasta
el último suspiro. Ninguna decisión surgirá de mí. Unos van, otros
vienen, yo soy una piedra del camino. Una piedra para mi General.
Si él me arroja, iré hacia la dirección que me imprima. Si me deja
aquí, recibiré resignado sobre mis hombros el polvo de la espera.
¡Ángeles del Juicio, ya me hicieron perder demasiado tiempo! Si
quieren acabar con el país yo no se lo puedo impedir. Si me
eliminan, destruirán mi cuerpo, nunca mi obediencia. ¡Basta de
ilusiones, basta de sueños, ustedes no existen! Enciendo el
televisor. Vuelvo al redil, mi General...
QUIERO SERLO TODO PARA USTEDES. QUIERO SER EL PAN, LA LECHE, EL TECHO
PROTECTOR Y EL AIRE QUE RESPIRAN. QUIERO SER SU CUNA, SU CAMA Y SU ATAÚD.
TAMBIÉN LA MESA Y EL ROPERO. QUIERO SER EL DESEO Y EL OBJETO DE SUS
DESEOS. QUIERO SER EL CORAZÓN, EL AMOR, EL AMANTE Y EL AMADO.
-Nos vamos... Si fuéramos tres ángeles buscando un solo justo
para no destruir el mundo, usted sería...
-¡Sus voces no existen! ¡Esos lotos blancos que sacan de sus
impermeables y depositan frente a mis zapatos sin suelas son una
ilusión! ¡Como es una ilusión verlos alejarse por el camino de
tierra, inclinados bajo la lluvia parda que cae del cielo sin
nubes!
QUIERO SER LA PIEDRA, QUIERO SER EL CANTO, QUIERO SER EL ALA Y EL VUELO
Y LA CAÍDA, QUIERO SER LA PUNTA NEGRA DE TODOS LOS FLECHAZOS. QUIERO QUE
MIS BALAS PERDIDAS PEGUEN SIEMPRE EN TU PECHO, CARIÑO SANTO, SIEMPRE EN
TU PECHO...
-¡Sí, mi General, siempre en mi pecho! ¡Qué placer, la baba
chorrea de mi boca, el viento sopla, el océano ruge, la lluvia
cae, su voz adorada se diluye en la tormenta, mi General! ¡Hay un
solo sonido, una sola música, los ángeles no existen, sé que otra
vez estoy soñando!
Por Alejandro Jodorowsky
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Estupendo blog, pero siempre se hace difícil y pesado leer la letra negra sobre un fondo azul oscuro... hay q seleccionarlo todo para que se quede blanca.
ResponderBorrarSigue así!
Buenas acabo de terminar de leer este ensayo de Jodorowsky y me gustaría intercambiar pensamientos sobre el entendimiento del mismo. ¿Qué significó para ti esta lectura? En mi opinión es una lucha interna con uno mismo, además de la eliminación de la venda ante la sociedad. Lo que no se definir es quien o que es exactamente "El General", la verdad es que el final me desconcertó.. Un saludo espero tu comentario :D
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